Cuerpo de Mujer

¿Qué es la mujer? La Mujer es una ilusión. Una invención social compartida y recreada por hombres y mujeres. Una imagen producto del entrecruzamiento de diversos mitos del imaginario social, desde el cual los hombres y mujeres– en cada período histórico– intentan dar sentido a sus prácticas y discursos (Ana María Fernández, 1993: 22).

El concepto de cuerpo desde una perspectiva sociológica  nos ayuda a entender la importancia de mirar y conocer el cuerpo como ente y no como objeto. El concepto de cuerpo según Izquierdo (1998) no nace de capacidades intelectuales o perspectivas neutras, sino de los antecedentes históricos sociales que hay de dichas capacidades, ya que “La atención a las diferencias físicas, organizándolas en categorías sexuales, raciales y morales, es el resultado de un cumulo de circunstancias en un periodo de tiempo relativamente corto” (Izquierdo, 1998: 59). Bajo este contexto se forman ideológicamente los cuerpos sexuados y con ello nuevas formas de desigualdad entre seres humanos, propiciando también nuevas clasificaciones que ponen en desventaja a las mujeres, lo cual ha llevado a la construcción de una ideología que legitima la superioridad de un sexo sobre otro, “la mujer es pequeña, débil, frágil, tiene menos dientes, menos suturas craneanas, menos voz, etc.”(Sissa,2000), en ese sentido el cuerpo femenino es débil y pasivo en oposición al cuerpo másculino, esta situación coloca a la mujer en desventaja como sujeto ahistórico y complementario del hombre, “la otra mitad”, la parte que me falta, etc..

Pero también el concepto de cuerpo según Zandra Pedraza  refiere a  “este cúmulo de formas de conocimiento que son inseparables del sentido, el valor y el universo de experiencias que constituyen el cuerpo, tanto como el hecho de que éste no se agota en su perspectiva anatómica, fisiológica, energética, neurológica, psíquica, emocional, carnal, estética, en su figura, en su adorno, en su puesta en escena social, en su sexualidad, en su composición genética, en sus dolores y enfermedades, en su comportamientos privados o públicos, en sus movimientos, sino que en la acción de todas estas facetas, cada una a su vez moldeada por formas de conocimiento más o menos científicas y cada una con una interpretación individual pero también social y simbólica, es en donde se desenvuelve la vida” (Pedraza,6,1999) lo que sin duda refleja que el cuerpo va más allá de lo físico  puesto que hay agentes externos que lo moldean, mismos que pueden ser de orden social, espiritual, banal, físico, y que a su vez son interpretados por cada ser humano a manera personal, de modo que esto le permite ponerle su propio sello, crear una esencia que es expresada a través del cuerpo de la manera que mejor le acomode y  convenga de acuerdo al contexto social donde se desarrolla.

Lola Salinas[1] define al cuerpo como “La construcción social del individuo física y psíquicamente que se puede describir, en breve, como el resultado de las interacciones sociales a lo largo del proceso histórico de humanización que moldean la flexibilidad de la realidad química (sistema molecular) y electrónica (sistema nervios) para tomar la forma actual de las estructuras cognitivas y emocionales que, de seguir sometidas a la interacción social continuaran procesos de evolución marcados por las características resultantes de la necesidad de adaptación al medio social”, la autora señala la importancia de la sociobiología en su investigación y de cómo la interacción entre los genes y el contexto social son fundamentales para la construcción del cuerpo como ente y sujeto de acción

Para Alma Carrillo “el cuerpo es una construcción social, es decir, es el receptáculo de los símbolos y valores culturales que predominan dentro del imaginario de una sociedad. De tal forma que definir al cuerpo significa ubicarlo en un tiempo y espacio determinado”[2]. En ese sentido se puede deducir que el cuerpo es un ente vacío que es llenado a través del tiempo y bajo los parámetros sociales que se viven en un determinado contexto (tiempo-lugar), en ese sentido, el cuerpo es solo un reflejo de la cotidianidad y los dictámenes del sistema hetero-patriarcal normativo, que establece un “deber-ser femenino” que consta en la actualidad de ser una mujer, extremadamente delgada, blanca, profesionista, vistiendo lo último de la moda, exitosa y además de ello, una excelente madre-esposa.

“El cuerpo es la primera evidencia incontrovertible de la diferencia humana. Este hecho biológico, con toda la carga libidinal que conlleva, es materia básica de la cultura. Lo que están en juego frente a la diferencia es cómo se asume al otro, al diferente, al extraño: a la mujer en primer término, pero también al que tiene una pigmentación más clara u oscura, al que es más grande o más pequeño, para de ahí llegar a otro tipo de diferencias: al que tiene una cultura diferente, o una religión distinta, u otro deseo sexual, o una postura política divergente”[3]. Lo que supone que el cuerpo es la primera diferencia de muchas otras, mismas que son establecidas desde el orden cultural y predominante que es la visión occidental, capitalista y patriarcal que controla los cuerpos de las mujeres y sus vidas en la cotidianidad; podemos ver los anuncios de televisión, las imagenes publicitarias en el internet, en anuncios espectaculares, en revistas y periódicos; los cuerpos de las mujeres siguen figurando como ornatos que estan ahí “embelleciendo” el producto que se está vendiendo, o promoviendo estereotipos de “amas de casa”, de madres, de mujeres jovenes, de mujeres casadas, de mujeres sensuales, de mujeres-cosas, de “niñas bien”, que siguen susurrando en los oídos de todas las mujeres “el deber ser”: deber ser bonita, debes ser delgada, debes ser bella, debes ser madre, debes ser buena esposa, debes de ser buena ama de casa….etc, etc, etc.

Partiendo de que el cuerpo es un ente biológico,  una construcción social y también un individuo, surge la fuerte propuesta de las mujeres feministas al declarar al cuerpo como un territorio, pero no un territorio aislado, sino, un territorio propio y es como se declaran dueñas de sus cuerpos y de todo lo que los compone, física, sexual, espiritual, cultural y socialmente, a fin de poder decidir sobre su sexualidad y su reproducción, de manera que la maternidad (antes considerada  “propósito divino” de todas las mujeres) es una decisión y no una obligación cultural para cumplir con “el deber- ser femenino” que el sistema dictamina.

Entendiendo que somos dueñas de este cuerpo-territorio, debemos pues ser conscientes de nuestro espacio corporal, más allá de los canones de belleza dictados en occidente y promovidos por la industria cultural, debemos recordar el origen y sacralidad de nuestro ser pues “En nuestros cuerpos, en este momento, allí viven las semillas de los impulsos del cambio y del crecimiento espiritual que buscamos y para despertarlos necesitamos traer nuestra atención al cuerpo, en el aquí y ahora”, Pat Ogden.

Puesto que recibimos la enseñanza de que el cuerpo de mujer no es de su propiedad sino que le pertenece a otro (pareja, hijos) y que su placer no es para ella sino para el otro, las mujeres aprenden a descorporeizarse, viven desfragmentadas y controladas en todo momento, los procesos físicos y biológicos de las mujeres deben estar bajo control y cuidado de otros (medicos, industria farmaceútica), de modo que durante la menstruación las mujeres deben vivir dopadas para ser “funcionales” en el sistema, en la gestación deben estar durante control prenatal ignorantes de sus procesos y cediendo su poder al doctor o doctora que saben más de gestación que el propio cuerpo femenino, y en el parto se cede el poder a la institución médica porque se cree que la medicina y los doctores saben mas de partos que la propia pelvis y útero femeninos…durante la plenopausia (menopausia) las mujeres deben seguir dopadas para seguir siendo “funcionales” en un mundo que les tiene miedo.

Es momento pues de recuperar nuestro territorio, nuestro poder y nuestra sacralidad, en el momento en que dejemos de percibir los cuerpos de las mujeres como artículos decorativos, como negocios lucrativos (pornografía y prostitución), que volvamos a mirar los cuerpos femeninos como sagrados y poderosos, entonces lograremos sanar la gran herida universal a la madre tierra, la gran herida que está en nosotras, entonces podremos realmente ver cambios en nuestra sociedad que cada día se enferma y se destruye más.

Con amor a todas mis hermanas.

Bibliografía:

[1] Lola Salinas, La construcción social del cuerpo, Universidad Complutense, España. pp 94, 95.

[2] Carrillo Hernández Alma “La imagen corporal femenina” Una perspectiva sociológica, Jornadas de Investigación de Profesores y Estudiantes, UNAM, Agosto, 2011. pp. 2

[3] Apuntes del Diplomado: Jóvenes, Sexualidad y Derechos, Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, UAM Xochimilco, 2005.

Izquierdo María de Jesús, (1998) “El Malestar de la Cultura”, Edit. Cátedra, España.

SISSA, Giulia: Filosofías del género: Platón, Aristóteles y la diferencia sexual En Historia de las mujeres, I Taurus, Madrid, 2000.
Imagen del Artista Nobuyoshi Araki
Anuncios

Deja un comentario