El cuerpo que habito, es el cuerpo que soy (Firmar el acuerdo de paz con tu cuerpa/cuerpo)

Hay una herida que cargamos todas las mujeres y esta justo sobre nuestros cuerpos…los cuerpos de las mujeres han sido ultrajados, violados, mutilados, golpeados y asesinados… las mujeres cargamos una herida de la que no se es consciente, ser mujer en un País que odia a las mujeres es un peligro.

Vivir en un cuerpo de mujer duele, porque desde pequeñas se nos enseña que no es nuestro, que le pertenece a otro y este otro pueden ser las parejas y las crías…el placer de las mujeres tampo les pertenece, puesto que el único que puede dotar de placer al cuerpo femenino es por su puesto -un hombre-.

Recuerdo que en un taller sobre el útero impartido por una de mis maestras de vida que se llama Adriana Ordoñez, había una chica colombiana que hizo un comentario muy duro, pero muy real, ella decía “que cuando una es niña es preciosa pero cuando esa niña se convierte en mujer es como si pasará de lo blanco a lo negro”…en nuestra Cultura así lo es.

Nosotras no celebramos el ser mujer, no celebramos la menarquía, no celebramos la transformación, al contrario, la sufrimos, nos dolemos, y es algo que muchas veces se desea poder evitar.

Los cuerpo femeninos estan cargados de estereotipos, que nos dictan desde los anuncios, las imágenes, los videos, la música, los discursos, que deben ser “aceptablemente bellos”, deben ser cuerpos delgados, cuerpos blancos con melenas rubias (no por nada México ocupa el primer lugar de los paises de latinoamerica en comprar tintes rubios), de rostros maquillados, vientres planos, sin rastro de grasa corporal, cuerpo infantilizados, depilados, exfoliados para permanecer suaves al tacto y por supuesto perfumados…

Gracias a la mercadotecnia que promueve exitosamente estereotipos, las mujeres viven infelices en sus cuerpos, odiandolos, maltratandolos, diciendose a sí mismas cosas horribles sobre su rostro, sobre su vientre, sobre sus piernas, sobre sus brazos, sobre sus vidas…

Alguna vez yo fuí una de ellas, me sentía fea, me sentía gorda (pesé a que pesaba 59 kg) y me castigaba prohibiendome alimentos y contando calorías, me sentía rara, sentía que me faltaba más de todo para ser guapa, mas nalgas, mas tetas, menos panza (que ni tenía) y la verdad vivía acomplejada… tenía una amiga curvilínea y que se dejaba el vello de las axilas y andaba con una actitud de -ma vale tu opinión yo soy feliz- y te juro que se veía guapísima y yo decía wow, me gustaría sentirme así, libre en mi propio cuerpo….

Hasta que fuí madre, y subí treinta kilos en la gestación, de esos treinta que subí solo baje 10 kg en el parto y la cuarentena (mi hijo peso 4 kg), entonces cuando ví mi nuevo cuerpo me dio la depresión, me sentía lo que le sigue de fea, y fuí muy cruel conmigo… por supuesto que no baje nada de peso y aunque intentaba matarme de hambre, la lactancia me obligaba a comer porque cuando amamantas te da una sed y un hambre impresionantes, bueno no me creas mucho pero a mí si me paso….

Pensaba que con la lactancia recuperaría mi peso anterior a la gestación y no fue así… Entendí después que mi nuevo cuerpo-cuerpa era mi nueva maestra, y empecé a mirarme con amor y con ternura, a ser amable conmigo y a darme respeto y amamacho, harto amamacho… entendí que la cuerpa que habito, es la cuerpa que soy y es quien me acompañará toda mi vida, por eso merece todo mi amor y respeto, ella cuida de mi y yo cuido de ella…

Por eso hice un pacto conmigo, prometí aceptarme, amarme, honrarme,cuidarme y consentirme y por que no, a veces darle gusto a la cuerpa con uno que otro placer culposo,y la verdad ahora ya no me sabe a culpa, ahora disfruto sin problema alguno comer o tomar las cosas que tanto me gustan…

Entiendo perfecto que mi cuerpo, no es el cuerpo ideal que promueve la industria de la “belleza”, y que mucha gente se siente incómoda con mi cuerpo, que verme les genera conflicto, porque tengo un vientre relajado, unas lonjitas que se asoman, piernas y pantorrillas gruesas, brazos gordos y fuertes, una cara cachetona y sonriente y eso les genera espanto…entonces me dicen -baja de peso, ponte a dieta, estás gorda, podrías estar bien chula a tus 29 años, y un montón de comentarios de este tipo- y aunque al principio me dolían, ya aprendí que su problema no es mi cuerpa, si no la suya o el suyo, por que siguen pensando que su cuerpo es feo… y como no han aprendido a  ver su propia belleza, no pueden reconocer la mía…

Mi cuerpo/cuerpa se ha vuelto mi territorio, mi hogar, mi refugio, mi tesoro, lo miro con infinita gratitud, por ser y estar aquí y ahora, por permitirme gozar la vida por todos mis rincones, por sentir la carne de gallina ante las emociones y situaciones mas excitantes y transformadoras, mi cuerpo se ha vuelto un templo, un santuario, al que quiero honrar y cuidar toda mi vida…

y ya para cerrar les dejo este hermoso escrito de una amada Maestra…

“Yo no tuve casa, extraña en mi familia, extraña en mi ciudad y mi matria fue la danza, el tiempo espacio, para conectar con la voz profunda.
Viví sin casa, sin ciudad…tratando de ser reconocida, mirada, valorada, querida…necesitada de amor…
Hasta que llegue a mis huesos y entonces tuve casa, Matría, diosa, religión, grasa, sangre, pálpito y púlpito y empecé a tejer y a encontrar a mi familia, la del Alma.
Hoy tengo raza y rezo, y el amor me une a América y Europa, ya no hay guerra en mí y soy mi territorio sagrado” Adriana Ordoñez (Doula y Educadora Somática)

Mujer, se que tu y yo somos más que solo un cuerpo, pero este cuerpo que habitamos, es nuestro, todo nuestro y aprender amarlo y aceptarlo como es, es el primer paso a la libertad, es bien bonito sentirte libre en tu propio cuerpo… es bien bonito celebrar la vida y caminar acompañada de ti y de tu territorio a todos lados…

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